PAISAJES DE UN PASADO CERCANO

En 1990 viajé en varias ocasiones a Andalucía en busca de la belleza de los “pueblos blancos”.

Unos años antes, en el invierno de 1973, me encontraba en Ronda. Recuerdo que en aquel entonces la atmósfera del pueblo, el aspecto de las paredes, las puertas y las ventanas que habían soportado  durante décadas las inclemencias del tiempo, los escasos artículos de consumo diario que se amontonaban en las pequeñas tiendas, me inspiraron enormemente. En esa época los turistas aún escaseaban, y las paredes blancas contrastaban con las abundantes calles de tierra.  Las paredes de cal y las rejas negras armonizaban como el teclado de un piano. La plaza de toros dejaba entrever el paso del tiempo.

Diez años más tarde regresé pero ya no quedaba ni rastro de aquella belleza. Los edificios habían sido reformados tristemente y maquillados con una pátina uniforme.

A pesar de lo que pudiera parecer, la decepción no se debió sólo a la gran impresión causada en aquel primer encuentro. Lo mismo podría decirse de Arcos de la Frontera.

2017-05-03T09:25:34+00:00 marzo, 2015|