EL MATISSE QUE HAY EN MÍ

Hay un artista al que admiro desde que empecé a ser pintor, y éste es Matisse. Tras los colores y las formas que nacen del diálogo entre observador y objeto se esconde el intelecto del artista, y con la figura de Matisse he aprendido y crecido como pintor.

En sus últimos años, Matisse hizo una exposición sobre los esbozos y dibujos que hizo para una pequeña iglesia de Vence. Y en el catálogo de dicha exposición encontré unas palabras que me han marcado profundamente.

A lo largo de toda mi vida he estado condicionado por la opinión predominante en mi época de debutante, època en que únicamente se aceptaban las reproducciones de la naturaleza, y todo lo que surgiese de la imaginación era considerado “falso” y carente de valor plástico. Los maestros de bellas artes repetían incesantemente a sus alumnos: “Limitaros a copiar la naturaleza”.

Durante mi carrera he sido incapaz de someterme a esta norma, y como consecuencia he explorado diversos caminos en busca de formas alternativas de expresión alejadas de la copia literal, hasta llegar a lo que se conoce como fauvismo”.

A lo largo de los más de 40 años que he vivido en Cadaqués, he explorado todas las posibilidades a la hora de pintar el Pení y la montaña Negra, desde tonalidades grises con cielos dorados, o puestas de sol rojizas que contrastan con el negro de la roca. Todas forman parte de mi estilo, pero aun hoy, sigo sin poder pintar el cielo de color azul.

 

La conversación (1908-1912) de Henri Matisse, museo Ermitage de San Petersburgo.

2017-05-03T09:25:34+00:00 marzo, 2015|